Dolor hecho poesía / poesía hecha dolor
Cuesta tanto quitarse de encima una pena. Tanto, que a veces en lugar de dejar ir y aprender a mirar atrás con cierta benevolencia, nos gusta invitar a la pena -parafraseando a José Miguel Campos- a sentarse al lado en la sala para ver televisión y hablar de lo caro que está todo.
Cuesta, cuesta mucho. Por eso abro este blog en honor a la pena, para liberar, para perdonar, para aprender a sobrellevar este vaivén de cosas y poder volver a creer en un futuro, en donde cabe la promesa de todo lo que aún no sucede.
Poder volver a creer.
Poder volver.
Poder creer.
Poder.
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